
Entre en un viaje interior, lleno de dolor por ponerme en otros zapatos. Puse mis manos en su espalda para absorver la tristeza, y así consumirla - degirirla en tres días más transformandolas en lágrimas - llanto que me carcomía a solas en una pieza desconocida.
Así los procesos de tristeza se tranformaron en una rabia en contra de los complices (que no saben que son complices), la irritación fué tan grande que me llegaron a decir "tan irritada que eres", pero conté hasta diez para mantener las palabras dichas por la victima, y pensaba entre mí "no entiendo a esta gente". Lo único que sé es que necesitan saber mejor el concepto de justicia.-

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