
Decidí apagar el celular, mientras estoy apartada de todo lo que es la metropolis urbana santiaguina con smog - que a pesar de eso, me gusta igual -. Y claramente creo que no lo necesito, como tantas otras cosas, aunque hay otras que sí.
El aparato rectangular nisiquiera sé donde está, hasta tal vez lo perdí. Pero sí sé porque decidì apagarlo, porque es inevitable de mi parte vivir procesos -los cuales no son tan cortos-, de estar desconectada, para no saber de nadie, del mundo, para estar en mi mundo, el cuál en procesos anteriores se pone meláncolico, pero esta vez no, lo cual es muy bueno - jumbitos para mi progreso-, pero si en un comienzo me sentía como el extranjero de albert camus, entonces ahí comenzó realmente mi duda, que es mejor vivir sin-sentido o vivir meláncolicamente. La respuesta la tome en pocos días: "quiero vivir, todo saldrá bien, estaré bien. Debo aflorar todo lo que le pasa a mi mente, desatandola". . lo logré. Mi iniciativa resultó - y no se trata de evadir-, si no al contrario a veces nos creamos un paradigma versus a la plenitud que se está viviendo, para poner un desiquilibrio y hacer de la vida más adrenalinica. Creo que quiero estar plena por mucho tiempo.