
Trataba de ir caminando firme por la playa, sentía como la arena tocaba mis pies, podía sentir su calor producto de lo que el sol la calentó, me quemaba.- descalzos me encontraba. Así, fui quemando mis pies lentamente, hasta llegar al punto en qué dolor no sentía, era placer, intenso, tan intenso que comenzé a hundirme en ella, pero no se hundieron solo mis pies.- como yo quería-. Atrapada, la tierra me tragaba la cabeza también, me tapo los ojos – oídos - boca – nariz, y mi último sentido estaba comprimido entre tantas partículas de la misma especie. – Estaba inmóvil, por no decir muerta.

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